En una entrevista de alto voltaje en Los primeros de la mañana (FM Deseado 103.5), el senador de Santa Cruz, José María Carambia, dejó atrás cualquier tono moderado y expuso sin filtros su diagnóstico político: aislamiento en el Senado, ruptura con el oficialismo provincial y una decisión tomada: ir por la gobernación en 2027.
Minería: la discusión de fondo que nadie quiere dar
Cuando Carambia entra en el tema minero, cambia el ritmo. Ya no habla en generalidades sino que baja a la lógica económica y política que sostiene el esquema actual. Explica que los proyectos fueron pensados con un precio del oro muy inferior al actual, lo que garantizaba rentabilidad desde el inicio, pero que hoy, con valores mucho más altos, esa rentabilidad se volvió extraordinaria sin que la provincia haya actualizado su participación. “Pagan el 3%”, repite, como una constante que no se modifica.
A partir de ahí, describe un sistema que -según su mirad- se apoya en controles débiles, donde las empresas declaran su producción y donde incluso no se cobra por el uso del agua, un punto que plantea como síntoma de un esquema permisivo.
El momento más fuerte aparece cuando reconstruye su intento de elevar regalías del 3 al 5%. Cuenta el proceso completo: el dictamen logrado, el impacto que implicaba y el cambio de último momento en plena sesión. “Me cambiaron la norma”, dice, y aclara que esa modificación dejó el aumento solo para nuevos emprendimientos, alterando el sentido original del proyecto. En ese punto, la explicación se vuelve política: “en la minería se juntan todos y bloquean”, afirma, dejando en claro que no se trata solo de un problema técnico sino de decisiones que atraviesan a distintos sectores. Su conclusión es directa: ahí están los recursos que hoy la provincia no está captando.
Las cajas: un sistema que no cierra y nadie ordena
Cuando aborda las cajas de previsión y de servicios sociales, Carambia mantiene la misma línea argumental, pero enfocada en el funcionamiento interno del Estado. No discute únicamente el déficit, sino la forma en que ese déficit se genera y se sostiene. “La plata no va donde tiene que ir”, repite, explicando que los aportes no se cumplen de manera sistemática, empezando por la propia provincia y siguiendo por los municipios.
Ese desorden, según plantea, termina siendo cubierto con rentas generales, lo que impide tener una lectura real del estado financiero del sistema. El problema no es solo que falte plata, sino que no se sabe con precisión cuánto falta ni por qué, porque el circuito nunca se ordena.
En ese contexto, insiste con una propuesta que ya venía planteando: revisar la coparticipación con acuerdo de todos los municipios y establecer mecanismos automáticos de retención, para garantizar que los aportes lleguen efectivamente a las cajas. Desde su perspectiva, recién a partir de ese ordenamiento se puede conocer el déficit real y empezar a discutir soluciones de fondo.
Municipios: la primera cara del Estado, pero sin poder real
El foco vuelve entonces a los intendentes. Carambia los define como la figura más importante en cada localidad, pero inmediatamente plantea la contradicción: son quienes reciben todas las demandas, aunque cuentan con las menores herramientas para resolverlas. “Al intendente le exigimos todo”, señala, explicando que deben responder incluso por problemas que dependen de la provincia o de la Nación.
Desde esa mirada, sostiene que los municipios terminan siendo el eslabón más débil de la cadena de poder, a pesar de ser el nivel más cercano a la gente. Por eso insiste en la necesidad de acompañarlos sin distinción política y menciona gestiones impulsadas desde el Senado para asistir a distintas localidades, marcando que la lógica puede ser de colaboración y no de confrontación permanente.
Vidal y el quiebre: “no me siento parte”
La relación con el gobernador Claudio Vidal aparece como un punto de ruptura claro. Carambia no lo plantea en términos ambiguos: “no me siento parte”, afirma, explicando que no tiene injerencia en decisiones ni representación dentro del esquema provincial.
A partir de ahí, describe una dinámica que, según su visión, se repite: en las buenas no hay convocatoria, pero en las malas la responsabilidad recae sobre legisladores y dirigentes. Ese planteo se traslada al territorio cuando menciona a Puerto Deseado, al que define como un caso de destrato, señalando que la localidad fue relegada en obras y respuestas, y que recién volvió a ser considerada cuando cambió el escenario político. Para Carambia, no se puede gobernar castigando a una comunidad por diferencias políticas.
Intendentes, reuniones y algo que empieza a tomar forma
En paralelo a la crítica, aparece la construcción. Carambia confirma que mantiene reuniones con intendentes, principalmente de la zona norte, con quienes analiza problemas concretos de gestión y posibles soluciones. No menciona nombres, pero deja en claro que esos encuentros existen y que forman parte de una dinámica política en desarrollo.
En ese marco, introduce una definición que marca distancia con el esquema actual: “no es un frente, es un SER”, y refuerza la necesidad de avanzar hacia un modelo más descentralizado, donde las decisiones no dependan exclusivamente de Río Gallegos y donde cada localidad tenga mayor capacidad de respuesta.
Senado, Ley Bases y la política real
Al referirse a la Ley Bases Argentina 2024, Carambia explica el funcionamiento del Senado más allá del discurso público. Defiende la herramienta de no dar quórum como estrategia para forzar cambios y cuestiona a quienes sostienen una posición en los medios pero actúan de otra manera en el recinto. “Dicen una cosa y después negocian por atrás”, afirma, marcando la distancia entre lo que se comunica y lo que efectivamente ocurre.
La decisión y lo que viene después
En ese recorrido, la definición política aparece como consecuencia de todo lo anterior: “me voy a preparar para ser el próximo gobernador”, afirma, planteando que la transformación real se logra desde el Ejecutivo. “No es cuestión de querer ser, es cuestión de querer hacer”, agrega, vinculando su decisión con el diagnóstico que trazó durante toda la entrevista.
Y recién después de hacer pública esa intención, deja una frase que anticipa el escenario que viene: “te tiré una bomba… y sé que mañana van a salir a pegarme”, consciente del impacto político de sus palabras.
“Hasta acá llegué”
El cierre mantiene la misma línea, sin matices ni retrocesos. Cuando afirma que se cansó de quedarse callado y que “hasta acá llegué”, lo hace como síntesis de todo lo que desarrolló: el reconocimiento de errores, la crítica al funcionamiento actual, la defensa de los municipios y la decisión de avanzar políticamente en un escenario que, a partir de ahora, lo tiene como protagonista.
✒️ ADN24Digital
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