En su tercer año como gobernador de Santa Cruz, Claudio Vidal acumula ya tres ministros de Gobierno y tres anuncios distintos sobre la reactivación de las represas Jorge Cépernic y Néstor Kirchner. Sin embargo, la pregunta que atraviesa el escenario provincial es si estas reiteradas promesas alcanzan para construir credibilidad en un contexto de profunda crisis laboral.
¿Qué tranquilidad puede ofrecer el gobierno santacruceño cuando, según señalan críticos, fue cómplice de facilitar el terreno para los despidos masivos en el sector petrolero durante 2024? La defensa de las fuentes de trabajo llegó, para muchos, un año tarde. “Gobernar es crear trabajo”, reza un viejo concepto político que supo apuntalar a la Argentina en otras épocas, pero que hoy parece vacío de contenido en la provincia.
En este marco, el gobernador apuesta a la figura de Pedro Luxen —exministro de Gobierno, exdiputado provincial, exrepresentante del Legislativo ante el Consejo de la Magistratura y actual jefe de Gabinete— como garantía de “paz social”. Pero el tiempo corre en otra dirección. El denominado “veranito vidalista” habría llegado a su fin luego de la cúspide de octubre del ’23, donde ganó la provincia por apenas 3.000 votos, mientras el hambre no espera y la agenda oficial transcurre entre cafés y reuniones de “mate”, distendidas, inherentes.
Los números demuestran la preocupación cada vez más tangible: el último informe sobre empleo registra una caída del 16,7% en el trabajo privado, desde finales de 2023 hasta principios de 2026. Detrás de esas cifras, hay realidades concretas. En Caleta Olivia, por ejemplo, los trabajadores municipales aún aguardan el 15% de aumento correspondiente a agosto de 2024, un incremento que debía cerrar la negociación salarial del primer semestre de aquel año. El Gobernador “de los trabajadores” no hizo eco sobre esta situación.
A esto se suma una crisis estructural: el sistema productivo de Santa Cruz está destruido por decisiones políticas compartidas entre la gestión de Vidal y la administración nacional de Javier Milei. La provincia, que históricamente mantuvo un perfil hidrocarburífero, con proyección hacia las energías renovables durante la etapa de Pablo González, anuncia desde El Calafate la plantación de trigo como estrategia para diversificar la economía. Una medida que no es más que “vender espejos de colores”, o llámelo como quiera.
El caso más emblemático de promesas incumplidas es por lejos, el de las represas. Por tercera vez en tres años de gestión, el gobierno asegura que reactivará los 1800 puestos de trabajo en las obras Jorge Cépernic y Néstor Kirchner. La última vez fue en septiembre de 2024, cuando el entonces ministro de Trabajo, Julio Gutiérrez —despedido tiempo después mediante una conferencia de prensa—, garantizó la reactivación total. En marzo de 2025, Nación liberó fondos para saldar deudas y retomar las obras. En mayo del mismo año, Claudio Vidal recorrió el lugar acompañado por el ministro de Energía y Minería, Jaime Álvarez; el presidente de ENARSA, Tristán Socas, y representantes de la UTE Gezhouba. Hoy, un nuevo anuncio se suma a la lista, esta vez contando con Juan Mata a cargo del Ministerio de Trabajo, mientras los trabajadores despedidos ya debieron reinventarse, muchos de ellos optando por emigrar de la provincia.
La foto del gobernador con los gremios de la industria se repite una vez más. Para quienes observamos con desconfianza, no es más que una estrategia para ganar tiempo. Tiempo que, en términos sociales y laborales, la provincia ya no tiene.






