Mientras el peronismo nacional intenta reorganizarse en la pirámide política nacional, en Caleta Olivia la concejal Iris Casas, del bloque Unión Por la Patria, decidió que su futuro no estaba en las filas que la vieron nacer políticamente, sino bajo el proyecto encabezado por el Gobernador Claudio Vidal. Con la firma de su afiliación al partido SER Santa Cruz, la edil selló un pase que confirma formalmente la “firmeza” de sus convicciones y criterios ideológicos, además, deja al descubierto la fragilidad de ciertos sellos cuando la lealtad se mide en función del caudal de votos de aquellos alfiles que encabezan listas.
Casas asumió su banca en 2023 gracias al trabajo en conjunto de distintas fuerzas del peronismo local, engranaje colectivo que le permitió llegar al Honorable Concejo Deliberante. Sin embargo, ese “nosotros” se esfumó muy tempranamente, casi al inicio del ejercicio de sus funciones. La concejal, que hasta ayer representaba -de nombre, cual okupa- la única voz formal del bloque Unión Por la Patria en el Concejo Deliberante, decidió cambiar de vereda.
El dato no es menor: su excompañero, Carlos Aparicio, ya había tomado distancia para crear el bloque unipersonal “Más Cerca”, citando “diferencias” con su par. Ahora, Casas no solo se aleja, sino que se refugia en el espacio político que lidera el Claudio Vidal, dejando en evidencia que aquella unidad proclamada en 2023 era, en realidad, un ascensor para llegar a la concejalía.
No sería justo llamarlo “oportunismo” sin antes analizar el contexto. Unión Por la Patria no fue un simple nombre; fue la corriente que a nivel nacional representó al peronismo más cercano al kirchnerismo, la misma identidad política que el Gobernador “aborrece” como modelo para la provincia. Vestir esa camiseta durante la campaña para, una vez en el despacho, cambiarla por la del oficialismo Provincial y local, implica un acto de profunda inconsistencia, incoherencia ideológica. Pero en la política de “mesa chica”, la que se juega en los despachos y no en los debates abiertos, este tipo de movimientos suelen tener otro nombre: deslealtad.
El gobernador Claudio Vidal, que construyó su poder a pulso y con un discurso de ruptura con la vieja política, no tuvo que desembarcar en el peronismo local para cooptarlo; simplemente esperó a que algunos de sus representantes decidieran hacer el viaje por cuenta propia a cambio de las migajas que pueden ser ofrecidas por otros representantes tanto locales, como partes sindicales. El resultado es hasta gracioso: Unión Por la Patria en Caleta Olivia, que debía ser “la trinchera opositora”, hoy se reduce a un nombre vacío, un bloque que se desmorona no por la fortaleza del adversario, sino por la fragilidad de los propios.
Quien hoy firma su afiliación al SER Santa Cruz debería recordar que su banca no nació de una concesión personal, sino del trabajo colectivo de un espacio que la cobijó. Traicionar ese origen no es solo una deslealtad; es un acto de ingratitud que el vidalismo celebra como un triunfo, pero que para la ciudad debería ser una advertencia sobre el tipo de dirigentes que pueblan -y poblarán- el Concejo Deliberante.
El “pase” de Iris Casas: UxP quedó en las filas del Vidalismo en Caleta Olivia






