Un informe del Observatorio de Industriales Pymes Argentinos (IPA) revela que el sector manufacturero perdió casi 80.000 empleos desde finales de 2023. Daniel Rosato, presidente de la entidad empresaria, advirtió sobre un proceso de «primarización extractivista» que destruye el valor agregado y deja al sector sin alternativas.
Según el último Informe de Coyuntura del Observatorio de Industriales Pymes Argentinos (IPA), publicado este mes de abril, la industria manufacturera se convirtió en el principal sector afectado por la pérdida de puestos de trabajo registrados en el país. Los datos son alarmantes: de los 7.593 empleos formales que se perdieron en toda la economía durante febrero, 7.336 pertenecían al sector fabril. Esto significa que el 97% de los despidos recientes se concentraron en fábricas.

Para Daniel Rosato, titular de IPA, este fenómeno no es casual sino el resultado de un cambio estructural en el modelo económico. “La Argentina reconvirtió el modelo de país de empleo y desarrollo en uno extractivista y primario”, sentenció el dirigente empresarial, y alertó que este esquema busca garantizar la estabilidad macroeconómica para apenas tres sectores exportadores, mientras condena al cierre a las unidades que generan valor nacional.
El fin de la resistencia pyme
Históricamente, las pequeñas y medianas empresas industriales son las últimas en desprenderse de su personal debido a la alta inversión en capacitación. Sin embargo, ese margen de maniobra se agotó. Rosato destacó que, de las 11.000 empresas que bajaron sus persianas en el último año, casi 2.000 fueron fábricas.
“Como anticipamos, la industria es la última en despedir a un trabajador por la formación constante que tiene y por eso aguanta hasta la última consecuencia. Este año ya estamos en la etapa final”, graficó Rosato.
Desde la llegada de la administración de Javier Milei, en diciembre de 2023, el sector acumula una pérdida de 79.672 trabajadores registrados, una cifra que refleja un vaciamiento del corazón productivo del país.
El «efecto pinza» y el superávit del apagón
El informe del Observatorio IPA, dirigido por el economista Federico Vaccarezza, identifica una trampa mortal para la competitividad: el «efecto pinza». Mientras los costos en pesos (tarifas, salarios, insumos) suben por la inflación, el tipo de cambio permanece estancado en torno a los $1.400. Esto encarece la producción local en dólares, dejando la vía libre a los productos importados.
Además, el informe desmitifica el superávit comercial de USD 2.523 millones registrado en marzo. Lejos de ser un éxito exportador, IPA lo define como un «superávit por compresión» o de sesgo recesivo. El saldo positivo se explica fundamentalmente por el derrumbe de las importaciones de bienes de capital y piezas para la industria (que cayeron un 10% en cantidades), lo que evidencia un parate total en la inversión. “El plan de primarización, con una balanza comercial positiva por el apagón de los motores de las fábricas, tendrá su crisis en el empleo de manera más profunda en este 2026”, adelantó el presidente de IPA.
Consumo en terapia intensiva
La crisis de las fábricas tiene su contracara en un mercado interno retraído. El consumo cayó un 3,1% interanual en febrero, pero el dato más alarmante es cómo están comprando los argentinos: el 60% de las compras en supermercados se realizaron mediante endeudamiento con tarjeta de crédito. Las familias están usando financiamiento para cubrir necesidades básicas y alimentos, reflejando un deterioro irreversible del poder adquisitivo.
Rosato lamentó que la ruptura de la cadena de pagos afecte a «prácticamente todos los eslabones» y advirtió sobre las consecuencias sociales de este proceso: “Miles de fábricas, comercios y servicios que estaban enlazados de manera directa e indirecta, ahora están en procesos de cierres definitivos”.
Un futuro desamparado
La advertencia final de IPA es que este modelo «extractivista» dejará a más del 75% de la fuerza laboral fuera del sistema de empleo registrado. Sin una industria fuerte que demande mano de obra calificada, Rosato asegura que “no hay otro sector que reemplace esa demanda”.
Para la entidad pyme, la estabilidad financiera que presume el Gobierno, lograda a costa del «exterminio» de las unidades productivas, amenaza con convertir la crisis actual en una depresión estructural permanente.






