Advertencia sobre la cobertura sensacionalista de intimidaciones y desafíos virales que pueden disparar un “efecto imitación”. El caso de Caleta Olivia, en el marco de una réplica nacional, enciende las alarmas sobre el rol de los medios en la localidad.
La aparición de mensajes intimidatorios en el Instituto Marcelo Spínola y el EICO no son un hecho aislado. Amenazas con patrones idénticos se registraron en Puerto Deseado, Comodoro Rivadavia, y en provincias como Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y Tucumán. Pero más allá de la alarma social que generan, psicólogos y expertos en comunicación alertan sobre un mecanismo profundo que suele pasarse por alto: el rol que los propios medios y las redes sociales tienen como catalizadores de estas conductas.
Este fenómeno, conocido como contagio mediático o efecto de imitación inducido por los medios, no es nuevo. Su antecedente más estudiado es el efecto Werther, acuñado tras la publicación de “Las penas del joven Werther” de Goethe, que desencadenó una ola de suicidios por imitación en la Europa del siglo XVIII. Desde entonces, la sociología y la psicología confirman que la exposición repetida a ciertas conductas de riesgo en los medios puede funcionar como un modelo a imitar, especialmente en poblaciones vulnerables como niños y adolescentes.
Cuando un medio informa con lujo de detalles sobre una amenaza escolar, muestra el lugar exacto donde fue escrita, repite el texto intimidatorio y lo titula de forma alarmista, sin quererlo está entregando un ‘manual de instrucciones’ para potenciales imitadores.
El efecto Werther: estudio que estos medios no pueden -o deben- ignorar
El efecto Werther demostró hace más de dos siglos que la narración minuciosa de una conducta autodestructiva puede disparar réplicas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y asociaciones internacionales de psiquiatría elaboraron guías específicas para que los medios informen sobre suicidios sin generar contagio. Esas mismas recomendaciones se aplican hoy a los desafíos virales peligrosos (como el “juego de la ballena azul” en su momento) y a las amenazas escolares que se replican por imitación.
¿Cuáles son esas pautas?
No detallar el método ni reproducir mensajes textuales intimidatorios.
No simplificar las causas atribuyéndolas a un único motivo (-“lo hizo por un reto viral”-, por ejemplo).
No estigmatizar ni presentar la conducta como algo “heroico” o digno de atención.
Ofrecer recursos de ayuda (líneas de contención, protocolos escolares).
Priorizar el contexto y la prevención por sobre el impacto sensacionalista.
En Caleta Olivia, padres y docentes manifestaron su incertidumbre: “No sabemos si es una broma o un aviso”. Pero desde la perspectiva de la epidemia de conducta imitativa, el problema no es solo la amenaza en sí, sino cómo se comunica. Cada vez que una cadena de WhatsApp o un titular de último momento reproduce la amenaza textual sin filtro, está alimentando el ciclo de imitación.
Desde el EICO de Caleta Olivia, informaron que ya activaron los protocolos de seguridad: intervención policial, monitoreo de cámaras y comunicación con autoridades educativas. Pero el ámbito escolar, por sí solo, no puede contener un fenómeno que se alimenta de la exposición pública.
Informar desde la responsabilidad
Lo ocurrido en Caleta Olivia se atribuye a un fenómeno nacional, es un eslabón más de una cadena que se retroalimenta con cada “cobertura” irresponsable. El efecto Werther nos enseñó que la palabra no es neutral, según cómo se comunique, tiene el poder de salvar o de condenar. En el contexto de los desafíos virales y las amenazas escolares, los medios pueden ser parte de la solución explicando el contagio, desalentando la imitación, promoviendo el diálogo o parte del problema, amplificando sin criterio lo que debería apagarse.
Desde las escuelas de Caleta Olivia, lo recomendable es mantener la calma, informarse por canales oficiales y no viralizar contenidos sensibles. Pero ese mensaje solo será efectivo si los medios, las plataformas y cada usuario asumen su cuota de responsabilidad. Porque, como advierten los especialistas, la violencia también se aprende por imitación, y ningún titular justifica encender la mecha del pánico.






