Mientras la guerra en Medio Oriente intensifica su escalada y el petróleo supera los US$100 por barril, la Argentina ya sufre las consecuencias directas en el bolsillo de los ciudadanos. Un relevamiento de la consultora Eco Go reveló que entre el 26 de febrero y el 16 de marzo el precio de los combustibles trepó un alarmante 8,7%, y en lo que va de marzo el aumento acumulado ya alcanza el 10%. Se trata de un golpe durísimo para los consumidores, que ven cómo sus ingresos se evaporan frente a la imparable suba de precios.
El presidente de YPF, Horacio Marín, aseguró que el conflicto internacional no provocaría “cimbronazos” en los precios locales. Días después, los hechos lo desmienten con crudeza: los surtidores aumentaron y el bolsillo de los argentinos vuelve a ser el gran perdedor
El gobierno de Javier Milei, mantiene recetas ortodoxas que sólo generan más pobreza. La promesa de “orden macroeconómico” se convierte en una pesadilla cotidiana: la inflación, lejos de retraerse, se prepara para tomar impulso. Los aumentos en combustibles, transporte y alimentos son la cruda evidencia de que las políticas de este gobierno son un fracaso.
Los argentinos ya no sólo padecen la inflación, sino también el cinismo de una dirigencia que promete una cosa y hace exactamente lo contrario. El 10% de aumento en combustibles es sólo la punta del iceberg de lo que se viene: una inflación descontrolada que profundizará la crisis social y terminará de enterrar las esperanzas.
Las subas no dan tregua: los combustibles subieron un 10% en marzo y la inflación se acelera




